La vida poética y la vida cotidiana: el poeta norteño y su entorno

 *Presentación del libro La vida en sí / Life itself. Poesía de lo cotidiano en el norte de México.

Edición bilingüe. Colección New borders / Nuevas Fronteras. Julio César Félix, Gabriel Trujillo Muñoz (compiladores), Universidad Autónoma de Baja California -Colorado Press University, 2015.


 

La vida poética y la vida cotidiana: el poeta norteño y su entorno

 

 

La poesía es un viaje introspectivo para expresar los vendavales de la condición humana. Pero la poesía también es, como muchas otras actividades, una labor personal en medio de una existencia social con signos distintivos, con rutinas y costumbres determinadas por la cultura donde se vive, por las tradiciones y creencias del lugar donde has sido educado. Ser poeta en el norte mexicano es vivir en ciudades de gran arraigo como en poblaciones recién hechas, es toparse a diario con el mundo moderno, globalizado, tanto como habitar una arcaica geografía que no ha cambiado significativamente en milenios.

El poeta norteño, fronterizo, mexicano, vive el tráfago citadino en un entorno que puede ir del desierto a la pradera, de la sierra a la costa. Es un creador que siente lo que vive y que su existencia cotidiana tarde o temprano se trasmina a su poesía. A veces es un tema cercano, ineludible. A veces es un soplo de realidad que apenas emerge en ciertas palabras. Como sea, vivir el norte, la frontera, el México árido o la ciudad moderna es hacer una travesía fundamentada en la relación fructífera entre un ser humano y el entorno en que reside. Si esa relación es de amor, odio, indiferencia o desprecio no importa. Lo que sí importa es la obra que de esa relación surge y que se vierte en versos, en metáforas, en poemas.

Esta antología se ha trabajado bajo la idea de que la vida poética y la vida cotidiana cuentan con lazos inextricables entre ellas, que el poeta y su geografía, su ciudad y su modo de vida están en diálogo constante entre sí. Las formas de comportamiento social son parte de la manera en que los poetas norteños se ubican en su propio imaginario. Tanto si las proclaman o las niegan, si las sienten propias o ajenas, su poesía será el termómetro de esta cercanía o lejanía con la realidad que los estimula o fastidia, con el mundo cotidiano que los representa o asquea.

En muchas ocasiones el vínculo más visible puede ser una época determinada (la infancia, por ejemplo), un sitio preciso (una calle, una tienda, una escuela, un taller), un personaje particular (un familiar, un amigo), un suceso impactante (un accidente, un descubrimiento, una lectura, una película), una fuerza natural a la que están ligados (el calor, el viento, la lluvia). Por eso es tan frecuente que la vida del poeta se vuelque, de una forma u otra, con dolor o con nostalgia, con alegría o pesar, en la poesía que interpreta esos acontecimientos y los reivindica como un espacio original, donde se resucitan los lugares más estimados y los seres más queridos, donde se renueva la promesa de cantar las verdades de la vida, los tropiezos del mundo, desde la experiencia vivida en comunidad pero expresada desde el más fiero individualismo.

La vida poética es, así, una vida asumida, recordada, revivida. Palabra inmantada con lo pequeño, lo breve, lo fugaz. Presencia real de los fantasmas que se comparten, de los estados de ánimo que el poeta hace suyos. Pero que en el poema adquieren otras magnitudes, otras dimensiones. Instante vital que sirve para recordarnos, en todo caso, que la vida es un prodigio que el lenguaje hace posible en su íntima prestancia, en su compartida verdad; que vivir desde la poesía es una experiencia donde realidad e imaginación se dan la mano, donde ser, tiempo y circunstancia responden al unísono.

Ya en una entrevista (Solar. Arte y cultura #4, marzo-abril 2015) que Armando Alanís Pulido le hiciera a José Javier Villarreal, el poeta bajacaliforniano residente en Nuevo Léon, éste decía que "la poesía es una forma de vida, es una actitud ante tu entorno, ante ti mismo frente al entorno". Y siguiendo una idea de José María Espinasa, Villarreal señalaba que el poeta era un ser que antes de decir algo debe escuchar lo que le rodea, debe estar atento a la realidad que lo circunda para construir en el poema una realidad más perdurable, una experiencia de mayor alcance que el simple eco de lo ya vivido.

Lo cotidiano y lo habitual son parte importante de la poesía contemporánea. Los actos nimios del poeta hoy son tan importantes como los actos divinos en la poesía clásica. Lo vivido y lo experimentado se presentan como la materia poética de nuestro tiempo. Versos que exponen un modo de ser y un modo de existencia en lo individual y en lo comunitario. Lo que cada uno es inmerso en lo que somos como sociedad y viceversa. Se habla desde el nivel de la calle o de la casa pero lo que se escribe  descubre las honduras de la realidad, los misterios del ser-ahí-en-el-mundo, las afinidades electivas en un orbe donde todo es elección.

Al principio, a mediados del siglo XX, se le llamó a la poesía de lo cotidiano como poesía confesional. En una época todavía reticente para llamara a las cosas por su nombre, decir lo propio era revelar las debilidades y flaquezas humanas y, para muchos eruditos y poetas, eso era más territorio de la prosa que espacio de la visión poética. Hoy que lo privado es público y nadie se guarda de exhibirse a los demás con el mayor desparpajo, la connotación religiosa de "confesar" lo personal ha desaparecido. Todo hoy es transparente. Todo hoy transparenta sus colores, sus gustos, sus preferencias, sus conductas.

Ahora, en la era del selfie, el poema abarca lo poético y lo prosístico al mismo tiempo, es una zona abierta al aforismo, el ensayo, la crónica o la autobiografía, sí, pero donde la palabra nos revela los detalles de lo ordinario, nos comparte los choques entre la realidad y el deseo con minuciosa pertinencia, con desopilante claridad. Poesía donde converge lo común y lo diferente, la vida como urgencia y destino, como fiesta y paseo, como rutina y hallazgo. Lo pasajero que, gracias al poeta que no pierde un solo detalle, se vuelve imagen perdurable, una verdad única que sentimos nuestra porque está ligada a nosotros en su experiencia personal, en su filiación colectiva. Espejo de la naturaleza humana por su exacta desnudez, por su perspicacia reflexiva.

Y si por otra parte aceptamos que México es muchos Méxicos, podemos aseverar que la poesía nacional cuenta con una amplia gama de temas, tonos y experiencias en su haber. En ella podemos encontrar una gran variedad de experiencias singulares que se asoman en los versos de sus practicantes a lo largo y ancho del país. En un siglo donde los fenómenos sociales brincan fronteras, donde la comunicación es instantánea, muchos sucesos se comparten desde todos los rincones de nuestra nación, pero también muchos otros son únicos en su estrecha relación con cada poeta, resuenan más y a mayor profundidad para quien los vive en su cercanía vital, anímica, sensorial.

Percibir el mundo en su hondura humana es privilegio de los poetas. Sin embargo, no hay que olvidar que cada percepción es filtrada por el bagaje cultural, el entorno urbano y las condiciones ambientales donde el poeta ha hecho su vida, su casa, su trabajo. No es lo mismo, para poner un ejemplo, cómo se percibe un terremoto entre los rascacielos de la ciudad de México que vivirlo en pleno desierto, mientras las arenas ondulan y la tierra se fisura de horizonte a horizonte. Pero el norte mexicano es una diversidad de estados de ánimo, de vidas por escribir, de versos por hacer. Esto es visible en los poetas que conforman esta antología, en sus maneras de acercarse a lo cotidiano sin falsas expectativas, de conformar un mundo propio desde la individualidad de cada uno, de exhibir una pluralidad de estilos y perspectivas a la hora de transformar las nimiedades del mundo en conjuros, preces, aullidos.

Residan en Torreón o Tijuana, en Monterrey o Mexicali, en La Paz o Chihuahua, en Ciudad Juárez o Tampico, estamos ante un grupo de poetas norteños, hombres y mujeres de distintas generaciones (nacidos, eso sí, en la segunda mitad del siglo XX), que tienen en común su apreciación del lenguaje como un territorio abierto a todas las influencias pasadas o actuales, su trabajo poético como una forma de establecer quiénes son frente a su sociedad, qué los une o los separa de sus semejantes en la turbulenta edad en que vivimos. Cada uno de estos poetas responde a su entorno con los instrumentos de su imaginación, con las piedras al rojo vivo de sus palabras.

En conjunto, estos trece poetas representan el ciclo vital de la experiencia y la sabiduría en su diálogo constante entre lo que se rememora y lo que se medita en el momento mismo de su escritura. Trueque diario entre la añoranza y la esperanza que nunca terminan de expresar lo que somos, entre lo que nos toca por evidente y lo que se esfuma como si fuera el fantasma de nuestros deseos y querencias. Como parte de la poesía mexicana del norte, de la frontera, estamos ante obras que no buscan la uniformidad temática sino que prefieren los puntos de fuga, los intersticios, lo periférico para sacar adelante visiones complementarias de nuestro paso por el mundo.

Tal es lo que pasa con la creación poética que esta antología muestra a propios y extraños: cada poeta, desde su entorno, saca a relucir las visiones que lo animan, los paisajes que lo definen, los modos de ser que lo distinguen. Por eso hemos titulado a esta antología como La vida en sí, el mundo en todo. Poesía de lo cotidiano en el norte de México. No es una defensa de lo local sobre lo universal. Es un recordatorio de que lo universal siempre comienza cerca de uno: en las cosas que amamos, que deseamos, que nos importan. En las inmediaciones de nuestra propia cotidianidad. Allí, donde la poesía se siente bienvenida, donde las palabras nunca nos abandonan.

De ese humus vital nace esta reunión de poetas,

este conjunto de voces norteñas.

Piedras de luz a la vista de todos.

 

 

Gabriel Trujillo Muñoz

Julio César Félix

Mexicali, Baja California-Torreón, Coahuila, verano de 2015

 

La vida en sí. Life itself. Poesía de lo cotidiano en el norte de México.

Edición bilingüe. Colección New borders / Nuevas Fronteras.

Julio César Félix, Gabriel Trujillo Muñoz (compiladores), Universidad Autónoma de Baja California -Colorado Press University, 2015.

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