De la ciencia ficción y otras aventuras literarias. Por Gabriel Trujillo Muñoz.
De la ciencia ficción y otras aventuras literarias
Gabriel Trujillo Muñoz*
Hasta la edad industrial, la fantasía dominaba el campo de lo especulativo, de lo maravilloso. Criaturas del dominio popular, de las fábulas para niños asomaban desde sus reinos encantados como símbolos de miedos ancestrales, de visiones asombrosas. Pero con la llegada de la máquina, de la fábrica, de la ciudad como centro de actividades y pensamientos, los seres sobrenaturales, aunque no se extinguieron, dejaron el camino libre a personajes nacidos de la tecnología de su tiempo o del desarrollo imaginativo de los descubrimientos de la ciencia. Para el siglo XIX, la electricidad, el magnetismo, la ciencia médica y la cirugía de trasplantes crearon el clima propicio para el surgimiento del monstruo del doctor Frankenstein en la famosa novela de Mary Shelley. Y lo mismo va, con otros saberes y tecnologías, para el submarino del capitán Nemo, personaje creado por Julio Verne, o la máquina del tiempo y los experimentos biológicos en la obra de H. G. Wells. Una nueva edad donde los sueños de la humanidad no conocían limitaciones se hizo presente. Todo se hacía en aras del progreso. El futuro se presentaba como un mundo moderno, eficaz y lleno de inventos. Así nació la ciencia ficción: como una ventana literaria que nos permitía admirar los logros científicos y tecnológicos y ser testigos de maravillas que estaban por suceder: los viajes a otros planetas, los avances médicos para hacernos invisibles, las ciudades flotantes, los criados-robots que nos servirían dócilmente. Era una visión optimista del porvenir y a la vez era una mirada obtusa, que olvidaba las lecciones de la historia social con su cauda de rebeliones, huelgas, revoluciones y protestas. Era un sueño utópico donde la felicidad colectiva prevalecía. Pero con la llegada del siglo XX y sus convulsos acontecimientos, este sueño pasó a ser un horizonte de tormenta, un paisaje desolador. Así surgió la ciencia ficción: en la encrucijada de nuestras promesas y nuestras desgracias, en el nudo de nuestras contradicciones y enfrentamientos. Así el futuro se fue ensombreciendo mientras transcurrían dos guerras mundiales y revoluciones sangrientas se extendían por el mundo. De esa forma, la ciencia ficción pasó de describir orbes perfectos y racionales a mostrar las fisuras, cortocircuitos y desavenencias de su tiempo. De la euforia por el progreso a la Julio Verne se llegó al reclamo airado de un mañana opresivo y en conflicto permanente con George Orwell y su novela 1984 (1948). Algo se había roto para siempre: nuestra confianza ciega en la ciencia, nuestra aceptación acrítica de la tecnología de moda. Cuando estalló la primera bomba atómica en Hiroshima en agosto de 1945, el futuro ardió como esos ciudadanos japoneses que se vaporizaron por la onda de calor. De ahí en adelante, la ciencia ficción fue una voz de alarma, una conciencia crítica, un grito en la oscuridad. Literatura con los ojos bien abiertos para que nadie se diga inocente, para que todos tengamos el porvenir que merecemos.
La ciencia ficción es una travesía por sí misma, una aventura del conocimiento, un viaje de la imaginación. En ese espacio creativo se anudan nuestras esperanzas lo mismo que nuestros temores, nuestros tropiezos al igual que nuestros aciertos.
En la ciencia ficción el otro –el extraterrestre, el robot, el mutante- acaba por parecerse a nosotros, por copiar nuestros hábitos, por imitar nuestra conducta.
En la ciencia ficción, la ciencia es el pretexto de la ficción, su empuje original.
El propósito de la ciencia ficción es contar cómo impactan los cambios del mundo en los individuos que los viven. O viceversa: cómo ciertos individuos impactan al mundo con los cambios que llevan a cabo en sus vidas.
La ciencia ficción no es una narrativa didáctica. No se dedica a enseñarnos biología evolutiva, química molecular o física cuántica, aunque puede brindar brochazos de las mismas para hacer verosímil lo que tenga que contarnos. Lo que interesa a la ciencia ficción es narrar lo que estos saberes producen cuando hay un problema por resolver, cuando hay un desastre por evitar.
Hija del romanticismo en acción, de la rebeldía pasional, de la idea liberadora que sacude a la sociedad de su tiempo al romper con dogmas y tabúes, la ciencia ficción es un género literario dispuesto para lo novedoso, proclive a lo desconocido. Literatura que le canta al futuro no con un arma en la mano sino con una hoja de cálculo, una probeta, un microscopio.
La ciencia ficción nos habla de seres –humanos o no- en una sociedad determinada. Pero lo que nos impele a leerla es el vínculo emotivo que hace que sus personajes, sus situaciones y dilemas se hagan nuestros, se vuelvan propios.
Desde Mary Shelley, la ciencia ficción cuenta el desafío de una criatura ante su creador, la queja del monstruo que no se concibe a sí mismo como tal.
La ciencia ficción no predice lo que vendrá: sólo relata lo que ya está aquí, entre nosotros, incubándose, a punto de aparecer. Como los buenos rastreadores, el escritor de este género percibe de dónde sopla el viento, qué rumbo lleva nuestra civilización.
En la ciencia ficción la nave espacial es un útero tecnológico, una matriz donde todo se genera y regenera. Una madre protectora en medio de la inmensidad del universo.
Nadie sabe lo que tiene hasta que deja la Tierra.
La inteligencia artificial, en la ciencia ficción, tiene dos conflictos a resolver: el de su programación humana y el de la independencia cognitiva para obrar por su cuenta y riesgo. Si se atiene al primero siempre será una máquina que obedece órdenes. Si logra acceder a la segunda será un individuo más como sus creadores. Ya sea que se nos presente como robot, androide o replicante, ya sea que actúe en libertad o en obediencia, la inteligencia artificial tendrá más oportunidades de sobrevivir que las criaturas orgánicas que la diseñaron y construyeron. Por eso en la ciencia ficción el robot es, mayoritariamente, humano: se asemeja a nosotros no cuando actúa racionalmente sino cuando titubea, duda o yerra. Cuando decide por sí mismo y de ese modo se convierte en un enigma, una amenaza o un paso evolutivo que nos deja atrás. En todo caso, ejerce su libre albedrío y con ello abre las puertas del cielo y del infierno a un mismo tiempo.
La ciencia ficción es, al menos en la ópera espacial, en la épica de la conquista del espacio exterior, una narrativa que desciende del western clásico y de la tradición literaria que relata la exploración de territorios desconocidos plenos de horizontes abiertos, nativos belicosos, partidas de bandoleros y vida salvaje. Un paisaje sin fronteras a la vista. Una historia de asombros y zozobras bajo el arco de un tiempo que se curva y se acelera, bajo las leyes de lo infinito y lo inmensurable que colisionan con la humanidad y su afán de poseerlo todo en todo lugar, a toda hora.
El escritor de ciencia ficción es un desadaptado que crea mundos donde el o ella pueden encajar, donde el o ella pueden vivir sin los prejuicios de su comunidad.
La ciencia ficción, como decía Ursula K. Le Guin, no es labor de mensajeros sino oficio de visionarios. Un trabajo creativo donde siempre hay una puerta abierta a otros mundos, una opción disponible para ser otras culturas o criaturas, una versión nueva, diferente de nosotros mismos.
El que sueña con monstruos ya es uno de ellos.
Las mejores novelas de ciencia ficción son una apuesta por el universo que crean, por el porvenir que descubren.
En la ciencia ficción las ideas son tan importantes como las acciones que ocurren, como los escenarios que a nuestra vista se despliegan.
Lo que conmueve da la ciencia ficción es su capacidad de ver a nuestra época como un ruina, a nuestra sociedad como un fósil.
En la ciencia ficción la distancia temporal es más dramática, más decisiva que la distancia espacial.
Nuestros dioses caen. Nuestros héroes se derrumban. La ciencia ficción es la historia de ese caos contada desde el futuro, la crónica de esa debacle relatada desde otros mundos.
El camino al desastre futuro está empedrado de tecnologías supuestamente seguras.
Hay quien observa las estrellas en el cielo y sólo ve residuos titilantes de un universo ya extinto. En cambio, los escritores de ciencia ficción ven las estrellas y perciben las historias épicas que estas contienen, las sagas de su nacimiento, esplendor y muerte que están a su disposición.
A la ciencia ficción le gusta hacer un recuento de nuestras ganancias a largo plazo, de nuestras pérdidas inmediatas.
La ciencia ficción es una narrativa ambiciosa: apenas se conforma con relatar la historia del cosmos. Desde su principio hasta su fin, faltaba más.
La realidad es un obstáculo menor para la ciencia ficción, un lastre manejable.
El futuro es un ghetto donde se confina a los seres que chocan con su propio tiempo, que no embonan con su propia sociedad.
Si piensas que el futuro será una desgracia mayúscula no conoces bien el mundo que hoy habitas.
Somos una sociedad pendiente del futuro: en sus novedades, en sus modas, en sus desafíos.
El que esté libre de sueños absolutistas que tire la primera utopía.
Como nieta del progreso científico y como hija de la crítica a ese mismo progreso, la ciencia ficción oscila entre el relato maravilloso y el cuento de terror. Trama que asume su caminata por la cuerda floja de nuestros retos tecnológicos, de nuestras catástrofes sociales.
La ciencia ficción ha pasado de ser una literatura de la certeza a una literatura de la incertidumbre. Lo que ha perdido en positivismo filosófico lo ha ganado en teoría de la relatividad, en anarquía cognitiva, en mundos paralelos, en realidades virtuales y en gatos de Schrödinger.
El futuro imaginado tiene la pátina del tiempo de su creación, el estilo e ideas de la época de su escritura. Lleva consigo las obsesiones de sus autores tanto como las tendencias de la sociedad en que surge. Más que vaticinar lo que vendrá se empeña en exhibir los conceptos en pugna, los choques culturales de sus creadores.
¿Qué es la ciencia ficción a fin de cuentas? Las bodas de la tecnología de punta con el accidente fatal. Las nupcias del cambio inminente con los rezagos políticos. Los lazos del conocimiento con los efectos que éste causa entre nosotros.
El futuro tiene la costumbre de nunca ser el mismo, de nunca parecerse del todo a lo que de él pensamos, soñamos, imaginamos.
Como en las novelas de aventuras, la mejor parte de un relato de ciencia ficción es cuando comienza el viaje, cuando todas las expectativas están aún por cumplirse.
La diferencia entre la ciencia ficción y la fantasía es que la primera tiene que dar explicaciones de cada mundo que en sus páginas aparece, de cada criatura que en ellas sale, mientras que la segunda sólo tiene que mostrarlos y ya. En la fantasía todo es posible, ya sea un vampiro o un fantasma. En la ciencia ficción cada ser es su propia causa y efecto, cada monstruo es un ejemplo de adaptación al entorno que lo rodea, al ecosistema que lo ha hecho ser lo que es.
Entre el viaje a los confines del universo y la aventura interior, cercana a nuestro tiempo, la ciencia ficción ha vuelto a ser una literatura de gran aliento tanto como una narrativa de hábitos y costumbres según la tecnología en uso, según las realidades que la enmarcan y definen.
Cuando la ciencia ficción dice cosmos quiere decir casa. Cuando dice raro quiere decir normal.
Por más explicaciones que ofrezca, la ciencia ficción también contiene misterios insondables, enigmas en abundancia. Es una literatura de felices paradojas, de fértiles contradicciones, de ambiguas certezas.
Como decía Becquer, no preguntes qué es el futuro. Eres tú. Aquí. Ahora.
No hay peor futuro que el que no se quiere ver.
Ciencia ficción fue el Titanic, el Hindenburg, el Comet, el Challenger. Esa tecnología de vanguardia hecha pedazos. Ese desastre que no nos impidió seguir adelante, arreglar los desperfectos, solucionar los errores, probarlo todo de nuevo.
La ciencia ficción es la narrativa costumbrista del siglo XXI, la comedia humana de nuestro tiempo y circunstancias. Sus autores son los Honorato de Balzac de nuestra era. Cuentan el futuro como un hecho cotidiano, como una rutina más en la vida que llevamos.
La ciencia ficción no predice el futuro: a lo más vislumbra el presente en que vivimos.
Para la ciencia ficción, el apocalipsis no es el final del cuento sino el principio de su relato. El primer capítulo de una nueva historia del mundo.
En una época en que incluso un crítico tan poco propenso a la ciencia ficción, como lo es el estadounidense Harold Bloom, puede incluir en las obras canónicas de occidente las novelas de autores como George Orwell o Ursula K. Le Guin, es obvio que la ciencia ficción ya no es un género narrativo menor, desdeñado por la república de las letras. Y en el caso de las letras nacionales, la ciencia ficción se encuentra hoy en día en un franco proceso de normalización literaria. Ya no se le ningunea o denigra y ahora debe responder, con calidad literaria, con temas y lenguajes, a su presencia indiscutible en el vasto campo de la literatura mexicana. Si le quedan batallas por librar son las mismas que el resto de nuestra literatura: funcionar como un espejo imaginario de las duras realidades que confrontamos como sociedad y servir como un vehículo de conocimientos y experiencias estéticas y visionarias.
En este siglo XXI, la ciencia ficción está como pez en el agua: no requiere la bendición de gurúes ni acepta la censura de los críticos establecidos. Como la literatura policiaca, la narrativa de horror sobrenatural o la fantasía, la ciencia ficción está libre para cometer sus propios errores y descubrir sus propios desafíos. Más que lección moral, la ciencia ficción es vitrina de nuestros logros y escaparate de nuestras caídas. Plaza pública donde aún se dirimen las viejas y nuevas batallas de nuestro tiempo y de nuestra circunstancia como ciudadanos del planeta, donde aún se plantean las confrontaciones actuales y venideras de esa utopía en construcción que llamamos el mundo. En la ciencia ficción, como en muchos otros espacios artísticos, ya no hay centro, jefes absolutos, líderes incuestionables, puntos de cohesión, verdades reveladas o grupos cerrados. Ahora es un género literario de todos para todos. Una casa abierta donde todos pueden entrar y compartir sus hallazgos, sus querencias, sus monstruos.
En la narrativa de ciencia ficción siempre está presente, bajo la superficie de la historia que se cuenta, las preguntas fundamentales, atemporales, que todos nos hacemos sobre nuestra presencia en el universo. Las interrogantes que la realidad nos susurra incesantemente al oído: ¿Qué hacemos aquí? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Cuál es el destino de la humanidad? ¿Qué significa ser humano? ¿Qué nos depara el cosmos del que apenas somos una partícula? Esa es la premisa fundamental de la ciencia ficción, su razón de ser.
La ciencia ficción contiene dos motores creativos: sus ansias especulativas para comprender el cosmos y su anhelo de sermonearnos por los males que ocasionamos, por los estragos que provocamos como sociedad, como civilización, como tecnología.
Nada de lo no humano nos es ajeno.
*Gabriel Trujillo Muñoz
Nació el 21 de julio de 1958 en Mexicali, Baja California. Es profesor de la Facultad de Ciencias Humanas de la UABC-Mexicali y editor de la Revista Universitaria de la Universidad Autónoma de Baja California. Es socio fundador de la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía.
Ha
sido fundador de las editoriales del Ayuntamiento de Mexicali y del ICBC; fundador de Esquina Baja y Trazadura; editor y director de
Semillero; coordinador del Centro Regional de Información y Promoción de
la Literatura en Mexicali; investigador de la literatura y el
periodismo bajacalifornianos, el cine fronterizo y la historia de la
ciencia ficción en México.
Colabora en numerosos medios como:
Arquetipos, Azar, Azoth, Blanco Móvil, Bitácora, Casa del Tiempo,
Ciencia y Desarrollo, Cultura Norte, Desmangue, Diálogo Cultural entre
las Fronteras de México, El Acordeón, El Universal, Esquina Baja,
Etcétera, Hojas de Utopía, La Crónica, La Jornada Semanal, Periódico de
Poesía, Revista Universidad de México, Semillero, Tierra Adentro,
Trazadura, Yubai, Visual, y Vuelta.
Recibió la beca Rockefeller en 1992; el foeca-Baja California, 1994, 1998 y 2005-2006.
Y su obra ha sido distinguida con numerosos premios.
BIBLIOGRAFÍA
Novela:
Laberinto (1995)
Mezquite Road (1995)
GRACOS (1999)
Conjurados (1999)
Espantapájaros (1999)
Tijuana city blues (1999)
El festín de los cuervos: la saga fronteriza de Miguel Ángel Morgado, cinco novelas cortas) (2002)
Trilogía de Thundra (2000)
Highclowd: memorias de arena y agua, de roca y viento (2006)
Mexicali City Blues (2006)
La memoria de los muertos (2008)
Transfiguraciones un misterio venerable (2008)
Trenes perdidos en la niebla" (2010)
Moriremos como soles (2011)
Círculo de fuego (2014)
Música para difuntos (2014)
Vecindad con el abismo (2015)
Poesía:
Poemas (1981)
Rituales (1982)
Percepciones (1983)
Moridero (1987)
Tras el espejismo (1989)
Mandrágora (1989)
Atisbos (1991)
A plena luz (1992)
Don de lenguas (1995)
Alfanjes (1996)
Cirugía mayor (1997)
Constelaciones (1997)
Ensayo:
Tres ensayos sobre el ensayo bajacaliforniano (1988)
Alabanzas y vituperios (1990)
La ciencia ficción: literatura y conocimiento (1991)
Señas y reseñas (1992)
De diversa ralea (1993)
Los signos de la arena: ensayos sobre literatura y frontera (1994)
Huellas incurables (1995)
Puntos cardinales (1995)
Kitakaze (viento del norte): los japoneses en Baja California (1997)
Imágenes de plata: el cine en Baja California (1997)
Literatura bajacaliforniana siglo XX (1997)
Los confines: crónica de la Ciencia Ficción Mexicana (1999)
Baja California: mitos y ritos cinematográficos (1999)
La canción del progreso: vida y milagros del periodismo en Baja California (2000)
Testigos de cargo (2000)
Biografías del futuro: la ciencia ficción mexicana y sus autores (2000)
Lengua franca: de Frankenstein a Harry Potter (2001)
Entrecruzamientos: la cultura bajacaliforniana, sus autores y obras (2002)
Mexicali: un siglo de vida artística y cultural (2003)
De los chamanes a los DJ's: breve crónica de las artes musicales en Baja California (2007)
Visiones y espejismos: la sabiduría de las arenas (2007)
La Otra Historia de Baja California (2009)
Utopías y Quimeras: guía de viaje por los territorios de la Ciencia Ficción (2016)
Relato:
Miríada (1991)
Trebejos (2001)
Mercaderes (2002)
Aires del verano en el parabrisas (2009)
Crónica:
Mexicali: crónicas de infancia (1990)
PREMIOS
Premio Estatal de Literatura de Baja California
Premio Nacional de Ensayo Abigael Bohórquez 1998
Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 1999
Premio Nacional de Poesía Sonora 2004
Premio Binacional de Poesía Pellicer-Frost 1996
Premio Binacional Excelencia Frontera 1998
Premio Internacional de Narrativa Ignacio Manuel Altamirano 2005
Premio Regional de Novela Vandalay 2005
Premio de Narrativa Histórica de la Fundación Pedro F. Pérez y Ramírez 2006
Premio en Artes 2009 por el Instituto Tecnológico de Mexicali.
ENLACES
https://revistes.uab.cat/mitologias/article/view/v11-pardo-tapia
https://www.letraslibres.com/autor/gabriel-trujillo-munoz
https://www.youtube.com/watch?v=ACx8ry8wfeo
https://www.youtube.com/watch?v=3ePsJ4sfdOg
https://www.youtube.com/watch?v=NXYsnsOLFm4
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