LA VIRGENCITA DE LOS REMEDIOS. Por Marta Aragón R.
LA VIRGENCITA DE LOS REMEDIOS Marta Aragón R.* Tal vez no lo sepas pero un día Encarnita, m’ija, se paró delante de nosotros con el rostro transfigurado. Mi mujer y yo la miramos sorprendidos. No comprendíamos la extraña luz que salía de sus ojos, y de toda ella; tan chiquita, tan delgadita, tan poquita cosa. Pero eso no fue todo. De su boca salieron palabras más dulces que el canto de un cenzontle o de un gorrioncillo; más dulce que el más cantarín de los pájaros. ̶ He visto a Dios y me dijo que ya no soy Encarnita. Un silencio pesado, pesado, se apoderó de nuestras lenguas. Mi vieja le preguntó: ̶¿Quién eres, m’ija? ̶ Soy la Virgencita de los Remedios, y así han de llamarme desde hoy. ̶ Pero m’ija ̶ mi vieja insistió ̶ , siempre te hemos dicho Encarnita, ¿por qué nos pides que te llamemos de otro modo? ̶ Dios así lo ordena, y Él es nuestro Padre, nuestro único Padre. Cuando la escuché no pude menos que indignarme. Mi niña era mía desde q...