Dios ocioso / Deus Otiosus* Por Jaime Luna**

 


Rezagado en la brevedad de un pensamiento corrupto empiezo a entender aquel concepto de la muerte ignominiosa, compruebo por mí mismo el desdén de un ser supremo que me dio un talento junto a la promesa de extenderlo por todo el mediterráneo igual a un imperio de la edad antigua. Desbocado como adolescente insomne me convierto en bruma pasajera, observo los placeres de los que la virtud reniega y los tomo para mí, me embriago de la libertad que poseen los bendecidos por la buena fortuna ignorando por completo mi origen desventurado, creyéndome escritor, creyéndome poeta. Entonces me convenzo de que puedo doblar la voluntad del hombre y, sobre todo, consumir el corazón de la mujer, me creo vindicador de los rechazados, me creo un poeta apóstata con esta insensatez conscientemente adquirida mientras dios ríe. Debo mencionar que no me avergüenza admitir que los mejores años de mi vida pasaron con prisa matizados por logros mediocres, hojas marchitas en mis libretas y lápices que ya no escriben nada. No me cuesta admitirlo y sin embargo este crepúsculo me hiere, cuando las visiones iracundas me llevan ante los tribunales de Calíope, pero la musa no me ve ni me escucha, apenas y existo en aquel juicio ficticio. Concluyo: la inspiración no dista  mucho de lo que soy: de mi neblina, ni lluvia ni tormenta, mucho menos huracán. Sin nombre ni legado retiro mis cartas de este juego que al dios del azar tanto le divierte, una tragedia cómica más en la pila de historias que sostienen libros vacíos. 

 

*Muestra del club de escritura creativa de la Universidad Carolina.

**Alumno de licenciatura. Asistente regular del club de escritura creativa.

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